28 de diciembre de 2011

El bonsái

Un día, una visita trajo un regalo muy especial a la casa: un pequeño bonsái de diminutas hojitas verdes. Era tan hermoso, que lo colocaron presidiendo una mesita junto al ventanal del salón. Allí, le limpiaban cada mañana el polvo de las hojas con cuidado y sentía el calor que le brindaba la presencia casi constante de los habitantes de la casa.  

Pero pasó el tiempo. Y un día, alguien se acercó hasta él y tomó en sus manos la maceta, sacándolo de la habitación luminosa donde había reinado y conduciéndolo fuera de la casa, hasta el invernadero. Por el camino, creyó ver a través de la cristalera del salón que otra maceta ocupaba el lugar en el que había vivido. Y sobre esta, una planta de tallo alto y elegantes flores blancas.

En su nuevo hogar, las visitas empezaron a ser cada vez más espaciadas. El pequeño bonsái, plantado en su maceta entre frutales jóvenes que le sacaban varios palmos de altura, veía a duras penas la luz del fluorescente que alumbraba la vida en el invernadero. La tierra de su pequeña maceta comenzó a secarse y el bonsái temía que, sepultado entre las ramas de sus vecinos, el jardinero se hubiera olvidado de su existencia.  

Pasaron los meses, llegó la Navidad, y el invernadero se convirtió en un constante ir y venir de macetas de ponsetia y pequeños abetos. De vez en cuando, el jardinero continuaba pasando por los senderos cargado con una regadera e iba regando árboles, arbustos y flores. Pero nunca más se acordó del bonsái, y mientras los demás árboles seguían creciendo, él permanecía anclado muy abajo en sus pequeñas raíces. Sepultado en el olvido.

2 comentarios:

  1. La fábula del pequeño rey destronado, revisitada y “vegetalizada”: te ha quedado resultona; lo que más me gusta, su final abierto (todo un detalle que no hayas “finiquitado” a su protagonista, ni le hayas devuelto al trono; en tierra de nadie, como en la vida misma…)

    Un fuerte abrazo y buen día.

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  2. Muy buenas tardes, Manuel. Me ha pillao tu comentario entre compra y compra en esta tarde de últimas oportunidades para llegar a tiempo a los regalos de Reyes. Como siempre, amable y acertado.
    Me encanta verte asomar por aquí, este sitio en el que fuiste el primero.
    Un abrazo.

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